martes, 2 de abril de 2013

Los Últimos Días

Los últimos días,
o "Cómo el fin del mundo empieza en Barcelona"

Pertenezco a ese colectivo de cinéfilos (desgraciadamente reducido, afortunadamente en aumento) que opinan que el cine español necesita una inyección de valor. Y en este caso, la valentía no está, como suele ocurrir, en innovar. En un país en el que los sectores culturales prácticamente censuran cualquier producto dirigido al gran público, es de ser muy valiente atreverse a engendrar una obra que pueda seguir de algún modo la línea de nuestros vecinos norteamericanos (los reyes en elaborar productos para el consumo masivo). Y seamos sinceros. Ese cine que se ha dado en llamar comercial puede no ser muy profundo emocional o intelectualmente, puede no ser culturalmente rompedor ni comprometido socialmente, pero es apto cuando el objetivo es el entretenimiento. Y este tipo de cine suele generar más ingresos que ningún otro, pese a quien pese.

Como comentaba hace poco respecto a Grupo 7, me gusta que la industria española del cine empiece a comprender que Alfred Hitchcock no estaba totalmente equivocado con su visión de la industria cinematográfica. Los últimos días se apunta a esta premisa poco explorada por nuestra gran pantalla al emplear la temática apocalíptica, efectos especiales incluidos, y al intentar venderse dentro de una nueva línea de producto made in Spain, con el atractivo añadido de que el escenario es reconocible y cercano para el espectador y la consecuente credibilidad que ese hecho aporta a la trama.

Queda claro que el film  es atrevido en este aspecto, pero la idea, que aunque pueda parecer simple entraña cierta complejidad, requeriría un tratamiento mucho más serio y concienzudo que le aportase mayor verosimilitud. El guión es pobre, especialmente al cruzar el ecuador de la película, y una historia que se construye desde un concepto atractivo y un planteamiento interesante, empieza a caer por su propio peso progresivamente hasta convertirse en escombros. Es una lástima la poca atención que se ha prestado en el guión a los detalles, la lógica, la credibilidad y la coherencia.  

Visualmente, sin embargo, David y Alex Pastor han acertado. El impacto que producen las diferentes escenas apocalípticas en contraste con los recuerdos idílicos mayoritariamente protagonizados por Marta Etura y ese ambiente sombrío son el principal atractivo de la película. En cuanto a las actuaciones no son brillantes, pero son aceptables dentro de unos personajes que tienen de base una definición pobre e inconsistente.

Lo mejor: las imágenes de una Barcelona repentinamente abandonada por el ser humano.

Lo peor: que no se le haya dedicado más tiempo a dar coherencia a la trama y a los personajes.




lunes, 25 de marzo de 2013

Por la Cara


Lo de la crítica cinematográfica es, obviamente, un proceso subjetivo y por eso sólo tiene posibilidades de funcionar como generador de recomendaciones cuando la persona que da su opinión tiene un gusto similar al propio. Por las críticas que tuve la ocasión de leer, no tenía muchas esperanzas puestas en Por la Cara más allá de un poco de entretenimiento estilo estúpida comedia americana (confusiones, obscenidades, cosas que explotan y demás). Tampoco es que sea mucho más que eso. Pero aunque está lejos de entrar en géneros que podríamos inventar ahora mismo, tales como comedia elegante, comedia independiente, o comedia culta, el resultado es mucho más entretenido de lo que esperaba.

Al echarle un ojo a un trailer como este, una debe ser consciente de lo que va a ver. No se pueden esperar grandes tramas, personajes muy elaborados, historias especialmente dramáticas ni tampoco chistes entre dientes al estilo inglés, sutiles, refinados y llenos de segundas intenciones. En este caso estamos ante un sentido del humor más corriente. Un poco vulgar, quizá. Pero a juzgar por otras como Ted o Resacón en las Vegas (que parecen ser buenos referentes para Seth Gordon a la hora de dirigir esta película), es un humor que funciona bastante bien entre el público.

La historia es totalmente inverosímil, por supuesto. Se basa en el clásico guión cómico en el que alguien normal y corriente se mete en un lío hasta el cuello. Y cuando crees que ya no puede empeorar la situación, contra todo pronóstico lo hace, empeora. Y entonces, casi como por arte de magia (en algunos casos por arte de magia, de hecho), todo se arregla. Y esa persona normal se convierte en mejor madre o padre, mejor hijo o nieto, mejor ciudadano, mejor jefe o mejor marido o mujer. Le sumamos un par de coches destrozados, palizas, golpes y/o disparos y por supuesto alguna broma sexual y el resultado es insuperable en géneros que podríamos inventar ahora mismo, tales como comedia de sofá o comedia de domingo lluvioso.

A pesar del trillado guión, los diálogos me resultaron verdaderamente divertidos y Melissa McCarthy está graciosísima como esta peculiar ladrona de identidad (por cierto, el verdadero título del film). Es ella quien sujeta el mayor peso de la película, y aunque solo sea por la personalidad que imprime en su personaje merece la pena verla. Tal vez Por la Cara no sea para pasar hora y media riendo, pero estoy convencida de que de los trescientos noventa y cinco chistes, al menos un par de ellos arrancarían a cualquiera una carcajada. Y si no, a modo de bonus track, podéis disfrutar de una divertida sorpresa con la intervención de Eric Stonestreet (Cam, en Modern Family).

Lo mejor: un ritmo cómico constante.

Lo peor: el guión previsible y muy poco original.



viernes, 22 de marzo de 2013

Grupo 7

Los prejuicios no son buenos, eso lo sabe todo el mundo. Todos hemos pecado alguna vez de mente cerrada cuando llega el momento de reconocer el error. Esto sucede a menudo en el cine, cuando el público etiqueta al actor o actriz de turno, y en cierto modo le impide crecer en su carrera. Es una profesión en la que el atractivo físico es un arma de doble filo, y una condición que a menudo sale cara. Abre muchas puertas, especialmente las del cine romántico y el mundo televisivo que suele proporcionar mucha fama a pesar de las críticas, pero se convierte en un lastre en el momento en que el principiante quiere dar un paso más. Mario Casas se encuadra dentro de ese colectivo de actores a los que una mira con cierta desconfianza en el cambio, y mucho más cuando, como es el caso, parece estar en todas partes, cuando se pone de moda. Puede que Casas sea imagen de carpeta de instituto y que ni en esta película se libre del desnudo, pero parece que lo está intentando, y merece una oportunidad. Seguiremos a la expectativa de sus próximos trabajos.

Grupo 7 no es ninguna obra maestra, ni mucho menos. Pero el resultado es fácil de vender, muy comercial. Tiene una buena dosis de acción, acrobacias por la ciudad con saltos imposibles y carreras de esas en las que el malo siempre es más lento, una dosis de violencia que trata de no ser morbosa, policías de métodos dudosos, almas perdidas que mendigan un poco de amor o un poco de droga, según sea el caso, y un toque de humor. Cuenta con un trabajo extraordinario de Joaquín Nuñez como actor secundario (ganador del Goya a actor revelación por este trabajo), que le da cierta gracia andaluza a una película que sin él probablemente se quedaría sosa. Y sobre todo consigue mantener la tensión, una sensación de peligro constante y cierto grado de desasosiego en el espectador a lo largo de toda la trama (a excepción, quizá, de una eterna introducción en la que no sucede prácticamente nada).

Y sin embargo a Grupo 7 le falta pulirse. Da la sensación de que no se le ha dedicado el tiempo que realmente necesitaba una película de sus características. Los personajes, que se dividen entre criminales buenos y criminales malos son esencialmente planos, y su evolución, cuando la hay, sucede de una forma tan brusca que no permite identificarse con ellos. Además termina insistiendo en la trama policíaca y abandona el lado emocional, dejando a sus protagonistas como sombras indefinidas e incluso algo incongruentes, a pesar de disponer de un enorme potencial por las vidas que se les han perfilado. Los ingredientes son buenos, pero al resultado le falta espíritu.

Lo mejor: la habilidad para mantener el suspense y la tensión en determinadas escenas y que la película contribuya a engrosar el catálogo de un cine español más comercial que ayude a desmitificar su imagen actual y permita llenar las arcas.

Lo peor: el desaprovechamiento del potencial humano y emocional de sus protagonistas, y la deficiente vocalización e impuro sonido de los diálogos, que prácticamente obligan al espectador a leer los labios para descifrar el texto.

Nota: un bien, de los de ni fu ni fa.




miércoles, 20 de marzo de 2013

La Voz del Interior


Todos tenemos sueños e ilusiones sin cumplir, conflictos, problemas, traumas y cadenas que arrastramos a lo largo de nuestras vidas como monstruosos lastres. Es muy difícil encontrar el verdadero sentido de nuestras vidas, lo que de verdad importa. A veces los que han encontrado respuestas antes que nosotros a tan complejas preguntas pueden servirnos de ejemplo. Tal vez por eso, un director prácticamente principiante (Steven Sawalich) escogió la vida de alguien como Richard Pimentel para crear esta guía de viaje que lleva por nombre La Voz del Interior. La cinta, de 2007, contiene alguna que otra respuesta a preguntas que nos han atormentado a todos en algún momento, lo que la hace especialmente esperanzadora.

Empleando un tono optimista y luminoso a pesar de la dura realidad a la que nos remite, la película muestra sin demasiados artificios, de un modo sencillo, el desprecio sufrido por las personas discapacitadas durante la década de los setenta (y antes, y desgraciadamente incluso hoy en día) no solo por parte de la ciudadanía sino también desde un punto de vista legislativo y político. Acompañado (que no encubierto) por un toque de afilado humor, la película va más allá de la crítica social o de una representación de dicha realidad. Supera el desprecio y no llega a la compasión, por lo que se acomoda en una igualdad sincera. Una perspectiva sobre el tema que recientemente ha recogido también la aclamada Intocable. Resguardado en este punto de vista, el cineasta se niega a provocar la lagrimilla fácil y a focalizar la atención del espectador en los impedimentos y los problemas y prefiere centrarse en la lucha y en los logros, siguiendo siempre la máxima de no tirar la toalla, porque caminos nunca faltan.

Una actuación impecable de Michael Sheen consigue suplir las sutiles aunque existentes carencias en el trabajo de sus coprotagonistas, Ron Livingston y Melissa George, y un par de temas muy acertados de la banda sonora cierran este film rebelde que tiene todo lo que hay que tener para convertirse en dvd de cabecera.

Lo mejor: el tono sencillo y sin artificios con el que transmite un mensaje de verdadero interés humano.

Lo peor: el exceso de sobriedad en la actuación de Livingston y una sensación de distanciamiento que se hace notar en determinados momentos de la trama.

Puntuación: notable alto.

viernes, 15 de marzo de 2013

Anna Karenina


Para ser justa, debo empezar reconociendo que la obra de Tolstói de la que surge esta adaptación al cine sigue en mi lista de novelas pendientes. Y aun así, tengo la sensación de que no estaría muy errada si me aventuro a afirmar que, como casi siempre que alguien se atreve con adaptaciones de clásicos de la literatura (cosa que por cierto se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos, incluyendo el arte de destrozar cuentos clásicos), la cosa no sale como cabría esperar.

Anna Karenina busca la aprobación del espectador como el niño que reclama la atención de su madre. Por el método de insistir hasta aburrir. Para ello se vale de los trucos visuales y sonoros más efectivos; ese desencajado efecto de la historia dentro del teatro dentro del cine, un verdadero desfile de bellísimos vestidos, reinventando Sexo en Nueva York en una versión Moscú, finales del siglo XIX, una muy ensayada coreografía de movimientos llegando en ciertos momentos al puro baile, encuadres y decorados diseñados con pulcritud para mostrar toda la voluptuosidad de la clase social alta de la Rusia de la época y una banda sonora que merece al menos una rápida mención.

Tras una introducción opulenta y algo excesiva, la película empieza a caer en seguida en la aburrida repetición, olvidando interesantes historias secundarias para limitarse a girar (incluso literalmente) en torno a los dos protagonistas, el crepusculiano (con perdón) Aaron Taylor-Johnson y una Keira Knightley a la que el papel le queda inmenso, evidenciando su limitado número de registros a la hora de transmitir emociones que parece no haber comprendido ni ella. Esta carencia la disimula nuestra Elisabeth Swann con una actuación insípida, sobreactuada y frívola que convierte una historia con un profundo fondo moral, emocional e intelectual en una telenovela de sobremesa.

Dejando a un lado la imperdonable elección de actriz principal (inexplicablemente alabada por algunos críticos e incluso nominada a Mejor Actriz en los Premios Satellite), tenemos interesantes secundarios, incluyendo a la estupenda KellyMcdonald y a Alicia Vikander y Domhnall Gleeson, dos pequeñas sorpresas. El toque de humor de la mano de Matthew Macfadyen.

Lo mejor: un vestuario espectacular, el trabajado decorado y una fotografía cuidadosamente diseñada.

Lo peor: la elección de Keira como Anna, y la superficialidad con que narra la historia de amor y deja a un lado el contexto social de la diferencia de clases y la opresión femenina que apenas se entrevén en medio de tanta artificiosidad.

Puntuación: un aprobado muy justito.


miércoles, 13 de marzo de 2013